Ha pasado ya casi un siglo y medio desde que Mouchot, profesor de matemáticas del Liceo de París y Prife su ayudante, hacia 1880 consiguieron aprovechar por primera vez la energía proveniente del Sol como foco caliente para construir un ciclo de vapor que alimentaba una pequeña imprenta. El motor solar que hizo posible había sido patentado años antes por el mismo Mouchot.

Desde entoncs surgieron otros emprendedores como: Ericsson (1888), Eneas (1901), Shuman (1913) y Francia (1961) quienes fueron desarrollando la maquinaria adecuada para producir energía mecánica partiendo del Sol como fuente energética con fines industriales.

Pero no se deben olvidar ideas anteriores, como el caso de Leonardo da Vinci, que en 1515 inicia el proyecto, nunca acabado, para la construcción con espejos cóncavos de un concentrador de 6 km de diámetro para la producción de vapor y calor industrial. Del mismo modo el desarrollo de la química y la metalurgia en los siglos XVII y XVIII recoge numerosas experiencias de uso de la radiación solar concentrada para la fundición de metales y la elaboración de aleaciones, como es el caso de Antoine Lavoisier, quien construyó un gran concentrador solar para fundir Platino, en la misma época en que Inglaterra y Holanda comienzan a desarrollar industrialmente invernaderos con paredes de vidrio para la agricultura intensiva.




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