La red eléctrica es trifásica, pero la mayoría de invesores fotovoltaicos sólo inyecta en una sola frase. Esto supone un anacronismo para el que hay que buscar el origen en los primeros tiempos de los sistemas fotovoltaicos conectados a red. En aquel entonces no existían conectores para módulos solares que estuvieran protegidos. Como medida de seguridad se aplicaba por tanto como valor orientativo una tensión baja de 120 voltios a los generadores solares. Un transformador situado en el inversor se encargaba de elevar este valor para adaptarlo a los 250 voltios de tensión de red. Sin embargo, los transformadores trifásicos eran caros y poco frecuentes en el mercado.

Hoy por hoy las plantas fotovoltaicas trabajan con tensiones de sistema mucho mayores que la red eléctrica, por lo que es posible prescindir de transformador. También la vigilancia de la red, que ayuda al inversor a detectar variaciones de la red eléctrica para que se pueda desconectar si p rocede, funciona con más fiabilidad de forma trifásica que monofásica. Y, sobre todo, los inversores de inyección trifásica no generan cargas desequilibradas: por motivos de estabilidad se puede conectar un máximo de 4.6 kilovatios en cada fase para evitar una mayor asimetría. Pero se permiten excesos cortos del diez por ciento. Por tanto, la conexión monofásica de plantas solares es sólo posible hasta un máximo de cinco kilovatios de potencia. A mayor potencia hay que repartirla por las tres fases y conectarse varios inversores. Por ejemplo, en el caso de una planta de diez kilovatios de potencia, se necesitarán dos equipos de cuatro y uno de dos kilovatios. Los inversores monofásicos con más de 4.6 kilovatios de potencia de corriente continua sólo pueden emplearse en un grupo de tres y deben disponer de una interfaz: si un equipo con su potencia de inyección cae por debajo de los otros en más del valor permitido, también los otros dos deben reducir su potencia.

Todo ello es muy laborioso, además hay que tener en cuenta el inconveniente de que los inversores monofásicos resultan ser más caros que los trifásicos. A inyección monofásica, la potencia no entra de forma constante a la red, sino que circula con el curso de la tensión y potencia del inversor. Sin embargo, el generador solar suministra corriente continua al inversor, por lo que es siempre necesario almacenar temporalmente grandes volúmenes de corriente, lo cual requiere el uso de condensadores electrolíticos caros. Estos además tienen la desventaja de ser propensos a envejecer con rapidez. En cambio, los inversores trifásicos pueden funcionar con mucho menos almacenamiento temporal, y a menudo no necesitan más que los condensadores de hojas más resistentes. Los equipos trifásicos tienen además ventajas a la hora de aprovechar los transistores requeridos para convertir la corriente continua en alterna: aunque necesitan más (seis en lugar de cuatro), sacan más provecho de ellos.

En definitiva, los inversores trifásicos tienen en general más ventajas que los monofásicos. Son mejores y más baratos, de modo que no extraña que que se ofrezcan cada vez más. El que los equipos monofásicos sean más populares se debe a que se desarrollaron grandes cantidades en el paso que todavía están en el mercado. En vista de las circunstancias actuales, tienen un valor más histórico que técnico, y es posible que en un futuro próximo caigan en desuso.




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