Como la mayoría de las organismos clorofílicos, las microalgas poseen la facultad de llevar a cabo el proceso de la fotosíntesis utilizando agua como donador de electrones. Las microalgas presentan gran diversidad de tamaños, formas y estructuras, caracterizándose sus representantes más primitivos, las cianobacterias, por ser procariotas.

Por lo que se refiere a la conversión de la energía luminosa en energía química almacenada, las microalgas constituyen organismos fotosintéticos extraordinariamente eficientes, que alcanzan rendimientos de hasta el 5% y productividades de biomasa de 50 a 200 toneladas (peso seco) por hectárea y año, valores no sólo notablemente superiores a los de los otros cultivos agrícolas convencionales sino de los más elevados que se conocen.

En general, las microalgas se desarrollan naturalmente en medios acuáticos, tanto de agua dulces como saladas, por lo que su cultivo no compite, en principio, con la mayoría de los cultivos agrícolas convencionales. Las microalgas pueden cubrir total o permanentemente las superficies de las zonas destinadas a su cultivo, ya que, en las áreas donde no se presentan cambios climáticos drásticos, su crecimiento puede mantenerse a lo largo de todo el año, habiendo además cepas que pueden tolerar condiciones ambientales adversas para la mayoría de los organismos.

Entre los diversos grupos de microalgas utilizables se destacan especialmente las cianobacterias fijadoras de nitrógeno atmosférico, ya que, en contraste con el resto de organismos fotosintéticos, no requieren compuestos nitrogenados para su desarrollo. Muchas cianobacterias filamentosas están provistas de heterocistos que pueden utilizar el N2 presente en el aire para síntesis de su material celular.

Las posibilidades del empreo de las microalgas son muy diversas. La biomasa de las algas se puede emplear con fines energéticas, en cuyo caso la digestión anaeróbica para la producción de biogás con alto contenido de metano parece ser el proceso más adecuado, debido a que permite la utilización de materiales con alto contenido de agua.

Otra posibilidad para el aprovechamiento de la biomasa de algas es su utilización como materia prima para la extracción de compuestos, dado que en el interior de las mismas se puede almacenar cantidades considerables de algunas substancias de especial interés, por ejemplo, el alga verde Botryococcus braunii, cuyo contenido en hidrocarburos ligeros representa hasta el 75% del peso seco del organismo. También en estos casos, una vez extraído el compuesto de interés, el resto de la biomasa puede utilizarse para otros propósitos, tal como la producción de metano por digestión anaeróbica.




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