Archivo para septiembre 20th, 2012


La determinación de la estrategia orientada a la competitividad tiene su base en la administración estratégica.

En la figura se muestra las tareas básicas de la administración estratégica enfocada a la generación de ventajas competitivas.

  1. Visión estratégica y misión del negocio.
    Requiere identificar lo que será la empresa en el futuro cercano y lejano para orientar los esfuerzos hacia una dirección determinada.
  2. Definición de objetivos.
    Los objetivos representan los resultados que se desean obtener en el futuro; son cuantificables y medibles.
  3. Estrategia a seguir.
    Establece la manera en que la empresa actuará para alcanzar los objetivos establecidos.
  4. Ejecución de la estrategia.
    Es el ejercicio de los planes determinados a través de la estrategia a seguir. Es la práctica eficiente y efectiva de la estrategia.
  5. Monitoreo y control.
    Representa la evaluación de las actividades definidas en la estrategia y la detección de desviaciones en los planes definidos.
  6. Retroalimentación y ajustes.
    Es posible volver a cualquiera de las tareas previas, si el proceso lo requiere para realizar ajustes y hacer validaciones.

El apoyo metodológico para la definición de estrategias es de gran importancia para estructurar el camino a seguir. No es posible mover una empresa hacia el crecimento a través de la competitividad sin definir qué se quiere obtener, cómo se logrará, en qué tiempo y con qué recursos. Esto es parte de la inteligencia empresarial de los líderes del negocio y la colaboración asertiva de los recursos humanos.

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Porter establece que la combinación de las estrategias: bajo costo, diferenciación o especialización; llevadas a cabo en un mismo período resultan altamente costosa por lo que es recomendable aplicar una a la vez:

  1. Bajo costo.
    Demanda la búsqueda permanente del costo más bajo de producción y de entrega al usuario final o cliente. Involucra la eficiencia de las operaciones productivas, de mercadotecnia y ventas, logística y distribución, así como la disminución de los gastos de administración y los costos fijos. Esta estrategia requiere grandes esfuerzos de las empresas para reflejar la mejora de los costos de bajos precios; asimismo, presiona a los competidores a inicar una guerra de precios que puede llevar a la quiebra a más de uno. Los expertos aseguran que competir exclusivamente con base en esta estrategia es insostenible en el mediano y largo plazo. La aplicación de esta estrategia se observa frecuentemente en la oferta de productos consumibles para el hogar: jabones, limpiadores, detergentes, desechables, etc.
  2. Diferenciación.
    Involucra la innovación de elementos que hacen diferente a un producto, servicio o una empresa. Las mejoras en las actividades o materiales que se usan a lo largo de la cadena de valor de una empresa y que son percibidas y aceptadas por los clientes, representan los resultados esperados al implantar una estrategia de diferenciación. Esto ocurre cuando el producto o servicio que provee una empresa tiene elementos que l hacen mejor o de mayor calidad que aquél que ofrecen sus competidores y existen clientes que lo prefieren.
  3. Especialización.
    Esta estrategia tiene su base en la clara identificación de un segmento del mercado que se desea atender. Las empresas pueden desear a un tipo de cliente que tiene gustos y posibilidades económicas para un producto de lujo o bien, para necesidades específicas, etc.

De acuerdo con los elementos determinantes de la ventaja competitiva, la competividad de un país se determina por el conjunto de fuerzas que genera para que sus empresas puedan crear valor; así, esas fuerzas son las fuentes de competitividad.

Una definición que incluye al mercado externo, sostiene que la competitividad es el incremento sostenido de la productividad, también caracterizado por el incremento de las exportaciones. Los países que se encuentran en posiciones líderes en el desarrollo de tecnología tienen grandes ventajas en comparación con aquellos con economías en vías de desarrollo; sin embargo, un ambiente macroeconómico estable puede ser propicio para la innovación en ciertos sectores industriales, o bien, para la imitación o copia de tecnologías probadas.

El modelo de los determinantes de la ventaja nacional, permite apreciar cómo influyen los diversos elementos que intervienen en el éxito o fracaso de un sector en particular dentro de una nación y las relaciones entre ellos, como se muestra a continuación.

  1. Condiciones de los factores.
    La disponibilidad de los factores de la producción determina no sólo la capacidad de la industria para proveer los insumos necesarios a la industria misma, sino incluso para exportarlos.
  2. Condiciones de la demanda.
    Se refiere a la demanda interior para el servicio del sector que debe tener tres atributos genéricos: La composición de la demanda interior, el tamaño y la tendencia de crecimiento de esta demanda y los medios para transmitir las ventajas que tiene este sector hacia el exterior.
  3. Sectores conexos y auxiliares.
    Los sectores de apoyo en el gobierno, la industria y la academia influyen directamente en el desempaño y la determinación de las fuentes de competitividad.
  4. Estrategia, estructura y rivalidad de la empresa.
    La conjunción de metas, estrategias y formas de organización de las empresas de un sector se derivan de la identificación de sus fuentes de competitividad. La rivalidad en el mercado interior tiene reglas que influyen en el desempeño de las empresas y su búsqueda de la perfección, o bien en su declive.

Desde el punto de vista de la empresa, la competitividad se relaciona con el conjunto de actividades involucradas en la cadena de valor que contribuyen a aportar valor para el cliente, lo que puede manifestarse en una forma más eficiente de realizarlas, o bien, de una manera que sea posible agregar mayor valor que los competidores. La creación de valor se genera desde el interior de las empresas y organizaciones para hacer más atractivos los productos o servicios, ganar mayor participación en el mercado, incrementar la eficiencia y establecer una dinámica en actividades de innovación que sostenga lo anterior.

La competitividad mantiene un estrecho vínculo con el uso de la tecnología al propiciar ventajas competitivas basadas en innovación que hoy día es considerada como la práctica más determinante de un negocio exitoso, además de la implantación de estrategias genéricas de bajo costo, diferenciación o especialización.


En la actualidad, la competitividad es un concepto formado por una gran variedad de elementos que hacen que los países, las empresas y cualquier organización se mantengan activos en los diferentes mercados. Y más allá de esta afirmación, las organizaciones buscan crecer creando nuevas formas de hacer negocios; sin embargo no todas
lo logran, ya que es posible estimar que las más exitosas lo hacen mejor que el resto. Lo importante, entonces, es identificar qué significa hacerlo mejor y qué significa ser más competitivo.

A lo lagro de las últimas décadas, los mercados globales han exigido a las empresas y a los países mismos, el desarrollo de habilidades de alto nivel para ofrecer productos y servicios que tengan la capacidad de renovarse permanentemente a través de prácticas constantes de innovación. Diversos autores señalan que cualquiera que sea la localización geográfica del mercado, la innovación permitirá el desarrollo de ventajas sostenibles mientras esta práctica forme parte de las estrategias prioritarias y la filosofía de las empresas. De tal manera que ser competitivo tiene su base en la capacidad de adaptación a los cambios que demanda el mercado y en el tiempo de respuesta a esos cambios, ya que se espera que a menor tiempo mayor oportunidad de ocupar posiciones competitivas priviligeadas.

Estas prácticas se traducen en ventajas competitivas para aquellos que quieren mantenerse activos en los mercados foráneos o locales. Las ventajas competitivas constituyen las las fortalezas de las empresas y los países para enfrentar a los grandes competidores internacionales, de tal manera que el esfuerzo por generarlas exige “un desempeño más que regular a largo plazo”. En el ejercicio de la competencia se genera un ambiente de constante cambio en el que continuamente aparecen nuevos productos, nuevas formas de comercializarlos, nuevos procesos de fabricación además de segmentos de mercado completamente nuevos que dan paso a la competitividad.

Desde el punto de vista de los países, el Competitiveness Policy Council de Estados Unidos de América propuso un concepto de competitividad que se refiere a “la habilidad de una economía nacional para producir bienes y servicios que superen las pruebas de los mercados internacionales, al mismo tiempo que los ciudadanos pueden almacenar un estándar de vida creciente y sustentable en el largo plazo”.

Adoptando un enfoque práctico, un buen punto de partida para definir la competitividad desde la perspectiva empresarial es el concepto del Canada’s Task Force on Competitiveness in the Agri-Food Sector, el cual propone que la competitividad es la “capacidad sostenida para ganar y mantener una participación lucrativa en el mercado”. Esta definición coincide con la idea generalizada que asocia la competitividad con la participación en un mercado, pero la califica desde el punto de vista de la industria, al incorporar el objeto de lograr operaciones lucrativas, lo cual es correcto. Queda claro, en esta definición, que la competitividad tiene, entonces, que ser entendida como un proceso de relación entre las organizaciones empresariales y los mercados, en el que juegan un papel determinante las expresiones diversas que tienen las estructuras de poder, tanto de los gobiernos como de los grupos de interés, las cuales determinan el contexto en el que las empresas compiten.

La compleja red de relaciones entre empresas, grupos industriales e instituciones públicas que actúan dentro de un contexto macroeconómico y político determinado ha llevado a desarrollar visiones diversas de la competitividad, según se centren en la firma individual, algún sector económico o la nación. Sin embargo, actualmente se acepta que la ventaja competitiva se genera a nivel de la empresa y de industrias específicas. Por otro lado, también se ha generado un alto grado de consenso sobre hecho de que el complejo de políticas públicas y de relaciones entre las empresas e instituciones que rodean a cada industria conforma el ambiente competitivo, lo que Porter (1991) lo llama: “el diamente de la ventaja nacional”.

La competitividad es una cualidad imprescindible para competir exitosamente a través de un liderazgo con la capacidad de construir una organización inteligente, estrategias reales y bien definidas y la dirección firme para conjuntar esfuerzos e intereses y guiar a la empresa hacia el cumplimiento de los objetivos establecidos.

Extractos desde “Gestión Tecnológica” de José Luis Solleiro y Rosario Castañón