J508: La competitividad y su relación con la tecnología y la innovación…


En la actualidad, la competitividad es un concepto formado por una gran variedad de elementos que hacen que los países, las empresas y cualquier organización se mantengan activos en los diferentes mercados. Y más allá de esta afirmación, las organizaciones buscan crecer creando nuevas formas de hacer negocios; sin embargo no todas
lo logran, ya que es posible estimar que las más exitosas lo hacen mejor que el resto. Lo importante, entonces, es identificar qué significa hacerlo mejor y qué significa ser más competitivo.

A lo lagro de las últimas décadas, los mercados globales han exigido a las empresas y a los países mismos, el desarrollo de habilidades de alto nivel para ofrecer productos y servicios que tengan la capacidad de renovarse permanentemente a través de prácticas constantes de innovación. Diversos autores señalan que cualquiera que sea la localización geográfica del mercado, la innovación permitirá el desarrollo de ventajas sostenibles mientras esta práctica forme parte de las estrategias prioritarias y la filosofía de las empresas. De tal manera que ser competitivo tiene su base en la capacidad de adaptación a los cambios que demanda el mercado y en el tiempo de respuesta a esos cambios, ya que se espera que a menor tiempo mayor oportunidad de ocupar posiciones competitivas priviligeadas.

Estas prácticas se traducen en ventajas competitivas para aquellos que quieren mantenerse activos en los mercados foráneos o locales. Las ventajas competitivas constituyen las las fortalezas de las empresas y los países para enfrentar a los grandes competidores internacionales, de tal manera que el esfuerzo por generarlas exige “un desempeño más que regular a largo plazo”. En el ejercicio de la competencia se genera un ambiente de constante cambio en el que continuamente aparecen nuevos productos, nuevas formas de comercializarlos, nuevos procesos de fabricación además de segmentos de mercado completamente nuevos que dan paso a la competitividad.

Desde el punto de vista de los países, el Competitiveness Policy Council de Estados Unidos de América propuso un concepto de competitividad que se refiere a “la habilidad de una economía nacional para producir bienes y servicios que superen las pruebas de los mercados internacionales, al mismo tiempo que los ciudadanos pueden almacenar un estándar de vida creciente y sustentable en el largo plazo”.

Adoptando un enfoque práctico, un buen punto de partida para definir la competitividad desde la perspectiva empresarial es el concepto del Canada’s Task Force on Competitiveness in the Agri-Food Sector, el cual propone que la competitividad es la “capacidad sostenida para ganar y mantener una participación lucrativa en el mercado”. Esta definición coincide con la idea generalizada que asocia la competitividad con la participación en un mercado, pero la califica desde el punto de vista de la industria, al incorporar el objeto de lograr operaciones lucrativas, lo cual es correcto. Queda claro, en esta definición, que la competitividad tiene, entonces, que ser entendida como un proceso de relación entre las organizaciones empresariales y los mercados, en el que juegan un papel determinante las expresiones diversas que tienen las estructuras de poder, tanto de los gobiernos como de los grupos de interés, las cuales determinan el contexto en el que las empresas compiten.

La compleja red de relaciones entre empresas, grupos industriales e instituciones públicas que actúan dentro de un contexto macroeconómico y político determinado ha llevado a desarrollar visiones diversas de la competitividad, según se centren en la firma individual, algún sector económico o la nación. Sin embargo, actualmente se acepta que la ventaja competitiva se genera a nivel de la empresa y de industrias específicas. Por otro lado, también se ha generado un alto grado de consenso sobre hecho de que el complejo de políticas públicas y de relaciones entre las empresas e instituciones que rodean a cada industria conforma el ambiente competitivo, lo que Porter (1991) lo llama: “el diamente de la ventaja nacional”.

La competitividad es una cualidad imprescindible para competir exitosamente a través de un liderazgo con la capacidad de construir una organización inteligente, estrategias reales y bien definidas y la dirección firme para conjuntar esfuerzos e intereses y guiar a la empresa hacia el cumplimiento de los objetivos establecidos.

Extractos desde “Gestión Tecnológica” de José Luis Solleiro y Rosario Castañón




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